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ALHUCEMA de Salvador Távora
o "Aires de historia andaluza"


CRITICAS

DIARIO 16- 31 de Marzo de 1989 - MADRID

Desde sus comienzos, el teatro de Távora ha tenido una forma litúrgica. La acción dramática nunca le ha circunscrito personales, a situaciones finalmente resueltas en algún sentido. Desde el principio ha intentado hacer de sus espect´culos una expresión esencial de los temas, una síntesis definitiva, una visión derivada de una larga experiencia colectiva. En Távora domina siempre la necesidad de hablar en nombre de muchos a trav&eaute;s de lenguajes expresivos propios de la cultura popular, creando así una poética donde lo sagrado y lo profano, lo literario, lo ancestral y lo contemporáneo se integran con el carácter de una gran celebración de la historia.
"Alhucema" su último espectáculo responde perfectamente a estas coordenadas. El personaje es Andalucía, entendida como lugar de encuentro -es decir de amor y de destrucción-, como espacio que ha definido su identidad singularísima a través del mestizaje, de su condición de sur y tierra de paso. "Alhucema" es por tanto, una confrontación poética con el sentimiento de la identidad andaluza, apoyada a la vez en la idea de cruce cultural y -como sucede en todas las tierras de paso- lugar oprimido, campo de batalla, finisterre de los imperios, mezcla de resignación y de orgullo, sin saber nunca muy bien si el pasado es un título de gloria o una condena a la melancolía, un punto del que partir, o un recuerdo en el que encerrarse.



F.F.





LA DEPECHE- 09 de Diciembre de 1989 - TOULOUSE

"ALHUCEMA O LA MAGIA ANDALUZA"
"Gracias a Dios Salvador Távora no sigue lecciones de teatro de ninguna escuela. Sólo oye su inspiración, y sólo la sigue, fielmente. En su octava creación con La Cuadra, queda fiel a sus fuentes populares que acercan ese teatro a las grandes procesiones de semana santa. Eso quiere decir que lo pagano coexiste con lo sagrado. Utilizando todos los recursos de lo imaginario andaluz donde se entrecruzan las influencias árabes, judeo-cristianas, el muy andaluz director de escena recrea cuadros vivos donde bailaores, cantaores y jinetes se vuelven sirvientes de una liturgia poco ortodoxa. En medio de olores de incienso, sus bailaores cantan y bailan. Y sus bailaores se quejan sobre el destino de los reyes poetas relegados a la miseria y al exilio, y sobre las desdichas de una nación de artistas crucificados en su suelo como Jesús en su cruz...
No hay otro mensaje o moral en esta "Alhucema" (el nombre andaluz del espliego) sino el deseo vehemente de comunicar los encantos de un Sur que, desde Córdoba a Sevilla, se impregna de las fuerzas cósmicas del ritmo."

I.C.





LE SOIR- 17 de Noviembre de 1989 - MARSEILLE

"LA VUELTA DE "LA CUADRA" O EL EROTISMO ASCÉTICO"
"Aquí tenemos un espectáculo donde no se ve ni la punta de un seno, ni las piernas de las mujeres por encima de los tobillos, tenemos unos vestidos austeros, una danza depurada con suaves pintorescos. Pero sin embargo nunca he visto algo que alcance el erotismo de "ALHUCEMA".
Y este propósito tan intelectual, presentándonos las civilizaciones que se van sucediendo, Tartesos, Fenicios, Romanos, Moros y Judíos, hasta las hogueras cristianas y los Tambores negros de la Semana Santa, envueltos con el humo denso del incienso que deja un sabor a cenizas, este propósito se expresa con los medios de la fiesta popular, los del circo con sus caballos (¡y qué doma!), y con su acróbata al trapecio; los del baile con sus taconeos y sus palmas, también los del cante jondo...
Pero a pesar de los textos, en los cuales volvemos a encontrar los ecos de los más grandes, Alberti, Infante, Machado, y sobre todo aquel que nunca se nombra y siempre está presente, Federico García Lorca, a pesar de las intenciones, lo que cuenta por encima de todo es el conjunto. No es necesario entender las palabras, ni la significación concreta de las dos actitudes. "Alhucema" recordémoslo, es el nombre de una hierba aromática que exhala el olor de amor y muerte que emana de las obras de los grandes místicos españoles, Teresa o San Juan de la Cruz, o bien ese humor terrible que expresa un destino de Goya. Por eso, lo repito, no existen muchos espectáculos que alcancen tal grado de erotismo ascético.

Jean BOISSIEU