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DON JUAN EN LOS RUEDOS, de Salvador Távora
Ópera popular de caballos y cantes en el marco estético
de una corrida andaluza (a la usanza del siglo XIX)



TEXTOS PREVIOS AL ESTRENO


DON JUAN DE LOS TOROS Y DE LOS RUEDOS

El toreo es una conquista a la bravura; es engañar al toro sin mentir, y para que esto suceda tiene que haber una entrega total del toreo-seductor, del hombre conquistador de un público a través del arte.

El placer del toreo es poseer la bravura del toro, conquistarla con su inspiración seductora, fijar su mente y, concentrado en su fuerza apasionada, se envuelve en el disfraz de su muleta, en ese momento en que florece la moral, al compenetrarse con la bravura; igual que en el amor, cuando se aíslan los pensamientos y se concentra el placer al dominar la lujuria en su entrega, cuando toma vida el sueño del amor...

El Don Juan, a veces, nace y otras se hace; en el toreo lo crean las circunstancias y lo forman los ecos del triunfo.

En la sombre del toreo camina la figura del Don Juan, paralelamente a él. La fecha de una corrida es un día de conquista; previamente, se ha elegido el traje; se viste el torero controlando el mínimo detalle que le da esbeltez a su figura; se aprieta los “machos” para que no quede ni una arruga en su traje, al mismo tiempo que las damas van camino de la plaza, atractivas, perfumadas y con ese abanico que se cierra y se abre como si fuera un guiño de ojos...

Se abre la tarde; el torero gallardea envuelto en su capote de paseo y la mujer en su mantilla; sus andares presuntuosos llenan de empaque el camino a la presidencia; ellas se dirigen al tendido embriagando la tarde.

El capote de paseo es el primer encuentro con la mujer, cuando se posa en la barrera y ella, con una sonrisa como si fuera un capullo a punto de ser flor, manifiesta el deseo de la suerte.

Sale al ruedo la novia de la tarde -la bravura-, oculta en la piel negra que da emoción, temiendo la tragedia; se abre el capote, frena a la fiera y al viento; el abanico lo pone en movimiento, hay emoción en los tendidos, hay arte en las faenas; el toro, poco a poco, se entrega, y la admiración que despierta en la dama, comienza a entusiasmarla...

La bravura se somete a prueba, separada por las rayas de la arena y la raya que obstaculiza el corazón... ella sueña en los problemas de la entrega se crecen al castigo el toro y el amor allá en la intimidad de la mente de la dama, por no poder alcanzar al hombre.

Llega el tercio de banderillas, el cite del torero es de cuerpo a cuerpo, convirtiéndose ya en Don Juan; así lo refleja en el galleo de su seducción, en el juego de la preparación hasta cambiar el tercio en la corrida. Hay que parar, templar y mandar en la bravura como en el amor, para que su entrega se deje acariciar por el arte.

La faena pone de relieve a la tarde y surge la suerte suprema. Al poseer la bravura y el amor, sin hacer daño ni al toro ni a la mujer, el astado queda rendido a sus pies pero la mujer quedará desolada en su recuerdo.

El torero “Don Juan en los Ruedos” luce cada tarde el éxito con los trofeos en su espíritu y en sus manos, al sentirse vencedor ante la bravura dominada, pero no con la muerte física del toro, que es el estuche de lo que él ama. Esa bravura que se queda gravada en el recuerdo, le incita a buscar otra nueva bravura: LA MUJER...

En su vuelta al ruedo, cae a sus pies un ramo de flores; la admiradora es como una cita al deseo y el reconocimiento del público lo hace más apasionante a sus ojos.

Así, la mujer va forjando al “Don Juan de los Toros”, que creado por el sexo femenino, se siente atraído por tantas mujeres, pero prefiere estar libre de todas y seducir cada tarde a una nueva, porque él está acostumbrado a encontrarla en el vuelo de su capote que frena el aire, mientras ella, abanicándose, lo pone en movimiento... Es el mito de Don Juan:


El mito de Don Juan está en el ruedo
con el sexo clavado en la cintura;
el mito de Don Juan es la bravura
de una hembra que vive por su credo.

Su mito es la dulzura y el torpedo
de un amor que le lleva a la locura
y eterna su promesa no perdura
porque él vive sumido en el enredo...

Y libre quiere ser con las mujeres
y mezclar el amor con los placeres
de una vida romántica, egoísta...

Para él el amor es pasajero,
igual que la faena de un torero
y la magia fugaz de un alquimista.



Angel PERALTA