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LAS BACANTES, de Salvador Távora
Inspirado en el texto de Eurípides
CRITICAS
THE NEW YORK TIMES- 06 de Agosto de 1987 -FESTIVAL LATINO
"Las asociaciones contradictorias que despierta la imagen central
de la producción -fértil productividad y torturada agonía -corren en el corazón mismo
del concepto que de "LAS BACANTES" tiene el director y compositor español. Ese
ritual de danza y teatro sobre la represión y la sensualidad se apoya sobre el
movimiento, los ritos y la música, más que sobre el texto para dramatizar la tragedia,
mientras los actores moviéndose lentamente como en un sueño, siguen obedientes sus
predestinados destinos. (...) El baile flamenco, igual que la imagen de la rueda es un
símbolo de doble filo, liberación y represión, en esa versión de "LAS
BACANTES". Por un lado, con una rigidez formal, el estilo es algo salvaje en la
violencia contenida de su rápida puntuación de taconeos. (...) Cada ritmo y movimiento
han sido calibrados y tejidos con finura en un ritual teatral limpio y sin costura."
Stephen HOLDEN
THE TRIBUNE- 17 de Agosto de 1987 - FESTIVAL LATINO SAN FRANCISCO
"Ese es uno de los espectáculos más poderosos e incisivos,
envolvente, apasionado e inteligente que jamás he visto. (...) La producción de La
Cuadra se convierte en uno de los mejores acontecimientos de danza-teatro del pasado año
e incluso de todos los años. Vargas, con su presencia insistente y la intensidad que
desprende, hace todo para el éxito de la obra. Pero el perfecto paso y el flujo sin
asperidades de la obra debe ser atribuido a la visionaria destreza del director de La
Cuadra, Salvador Távora. (...) En "LAS BACANTES" se pueden encontrar conexiones
con el trabajo de Robert Wilson (en el lento, apretado paso del tiempo teatral y en los
admirables diseños visuales), con Meredith Monk (en la fusión cerrada de voz, gestos e
imágenes arquetipales), y también con Georges Beates (en el uso de una máquina enorme,
centro del escenario que domina la acción de la obra). (...) Quiero esperar que La Cuadra
vuelva muy pronto a la Bahía, solo para poder oir la próxima partitura sonora de
Távora. De todos los elementos que pertenecen al control directo de Távora -desde el
diseño visual a la adaptación escrita y la dirección general- su tapicería de sonido
era lo más interesante.
Compuesta del tono de voz tembloroso y agudo de Concha Távora como Corifea, de Paco
Piñero como Tiresias, de los gritos de Muezzin, de Paco Moyano como Cadmo, de los
redobles de tambores y rasgueos de las guitarras en vivo, de los atronadores tonos de las
marchas grabadas, y del dulce hilo del vino cayendo en un barril de madera, la partitura
podría parecer contradecir la sensibilidad excepcional de Távora para el sonido. Unidos
todos esos elementos, son el sonido de su propia voz."
David GEERE
LA VANGUARDIA-Barcelona, 17 de Septiembre de 1998 - MEMORIAL XAVIER REGAS
"UNA PROFANACIÓN VEHEMENTE TÓPICO Y DEL MITO"
"Távora tenía a mano -siempre la ha tenido- una tabla de salvación para escapar
del doble peligro que encierra una cuestión de marras: el peligro de una pirotecnia
intelectual gratuita y el peligro de la demagogia. Y ese elemento que nunca descabalga de
ninguna de las creaciones de La Cuadra, es sencillamente, la identidad andaluza que el
director clava en el corazón de sus espectáculos, como un ardiente manifiesto. A
Salvador Távora le horroriza vender folklore. No lo hacía ni en "QUEJIO", ni
en "ANDALUCIA AMARGA", ni en "NANAS DE ESPINAS". Y menos, claro, lo
haría en aquellos otros montajes cuyo conflicto entre el poder y las sombras, entre la
autoridad y la libertad se complicaba con una dramaturgia de símbolos y objetos
mecánicos que superaban los contornos etnográficos de un trabajo, siempre elaborado por
un andaluz "en ejercicio". (...) El director del grupo trata de señalarle al
espectador las componentes irracionales que hay en el mito y efectúa una finta
arriesgada, admirablemente poética, para introducir "LAS BACANTES" en un ritual
rociero y situar incluso en el centro de la devoción -o del pretexto- mariano, la figura
de "Agave", la madre de Penteo, tocada por el desvarío y la locura del vino,
alzándose en el centro de la escena, en medio de un altar de velas encendidas. (...) De
la mitología euripidiana a la simbología andaluza, Távora no duda en proponer unas
analogía brutal pero que, premeditadamente, reviste de una ambigedad y de unas
sugestiones formales realmente -y diametralmente- muy interesantes.
Si me refiero una y otra vez a Salvador Távora es por cuanto, conociendo todos los
trabajos anteriores del director, se advierte aquí una reincidencia en unas aficiones y
obsesiones estrictamente personales y que producen efectos dramáticos de una fuerza
impresionante. (...)
Tiene mucho de inquietante la subversión y el anticonvencionalismo de LA CUADRA. Y nada
tiene de extraño en un tema como el de "LAS BACANTES", tal inquietud se
convierta en emoción sincera ante una sucesión de escenas de inusitada belleza."
Joan-Anton BENACH
MEZIMBRINI- Delfos 09 de Julio de 1989
"Un soplo de alma unió a los actores y al público durante la
representación de "LAS BACANTES" por "La Cuadra de Sevilla", que
clausuró triunfalmente el V§ Encuentro Internacional del Drama Antiguo en Delfos. Y no
es exageración mía si utilizo la palabra "triunfalmente". Todos los
espectadores, los participantes al Encuentro, los profesores, los productores y los
espectadores "normales", se quedaron quietos y sin aliento hasta el final, para
romper, al término del espectáculo, con un aplauso que jamás se oyó aquí, en ese
teatro Delfos. A uno de los actores del Teatro del Arte de Grecia, le oi decir:
"Estoy totalmente subyugado. No tengo palabras". Y realmente, ¿quién hubiera
sido capaz de hablar de algo que sólo se percibe con los sentidos? Nadie deseaba comentar
nada sobre "dirección", "punto de vista", "actuación",
"escenografía", "música", "danza", "cante", u
otra cosa. Todo eso estaba allí y todo se podía mencionar porque todo iba contribuyendo
al triunfo. Pero todos sentían que si esos elementos se mencionaban por separado, se
hubiera reducido la sensación que el conjunto provocó. Todos decían:
"perfecto", "impactante", "eso es un espectáculo". Se
podía oir todos esos comentarios, y se seguían oyendo cuando todavía los actores
andaluces -que fueron saludados por el público con respetuosa admiración- se estaban
oyendo mucho tiempo después de haberse ido ellos.
Dos días antes el profesor Francisco Rodríguez Adrados, profesor de literatura griega en
la Universidad de Madrid, dijo, hablando de Lorca y del Drama Antiguo Griego: "Ese
teatro poético utiliza un lenguaje literario, y está lejos de la descripción
costumbrista, del dialecto popular y del estilo folklórico. Da universalidad a los
elementos que podrían ser locales en su origen, pero que en realidad son elementos
simples y sólo humanos. Lorca partió de una cultura popular tradicional, una cultura de
la fertilidad y de la muerte."
Pienso que muy bien hubiera podido el profesor Adrados aplicar sus palabras al
espectáculo de "LAS BACANTES", ese espectáculo que no sólo une dos culturas,
sino que une al hombre con el hombre. Porque ese espectáculo fue Eurípides, si, pero
también Lorca. Porque era a la par España y Grecia, y también cualquier otro lugar. Era
pura poesía.
Todo el público expresó su agradecimiento a Salvador Távora y a sus compañeros, porque
entregaron sus almas en esa representación."
Elena PAPASOTERIOS
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