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PICASSO ANDALUZ o LA MUERTE DEL MINOTAURO
de Salvador Távora




CRITICAS

L'INDEPENDANT - Perpignan, 15 de Julio de 1992 - LES ESTIVALES

"Está lejos de cualquier quincalla folklórica o mitológica, también de cualquier "metafísica" hispánica, esta obra, enraizada sangre y hueso en una tierra y regada por imaginario que nace de las composiciones iconográficas de una exigencia ética. Todo arte antes de ser ilustrativo es una hábil selección y una manipulación fina de signos y sínbolos sacados de la vida cotidiana o de la ficción, para llegar a un excepcional, inédito momento poético. Salvador Távora y LA CUADRA nos regalaron este momento y ¡con qué brillante energía! Sin contestación alguna el momento cumbre de las "Estivales 92".


X.X




EGIN- 03 de Noviembre de 1992 - XVII FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO VITORIA-GASTEIZ

"Las paletas de la emoción"
"...Picasso fue un minotauro lúcido, un andaluz universal, obsesivo en su creación que era su vida, y Távora nos lo trae esencializado, elevado a la categoría de un ser atrapado en su propio laberinto que encontraba su salida en la paleta de emoción que él encontraba en expresiones plásticas. La misma paleta de cromatismos emocionales utiliza Távora. (...) Picasso aparece en el vestuario, en el texto, se dan datos biográficos, pero después todo se explica en el ritual, los colores, las composiciones plásticas, la iluminación que va formateando el desarrollo dramatúrgico, acotando los espacios y dotándolos del tono necesario.
No hay tópicos narrativos, no hay recurrentes populistas, hay un conocimiento del hombre Pablo, del Dios Picasso, de las tribulaciones del sentimiento convertido en expresión plástica, en legado a la humanidad. La inspiración le llega a Távora no del museo, ni de la obra, sino de la propia existencia de pintor y de su recorrido vital, emocional. Y a partir de estos indicios subjetivos, objetiviza y metaboliza las emociones picassianas para hacer un espectáculo espléndido, lleno de fragancias e insistiendo en un mundo propio que atiende a todas las sensibilidades y que hace que de nuevo el teatro sea un arte mayor."


Carlos GIL




PROCESO - México D.F, 23 de Noviembre de 1992

"...En el Picasso Andaluz hay un ritmo lento en la sucesión de imágenes y fraseo monorrítmico y enfático, cuando los bailarines pronuncian sus textos silabeando con una dicción subrayada, sello de La Cuadra. Y todo es un rito entre luces y sombras. Hay imágenes inolvidables, de gran plasticidad, como la de las mujeres toreras, otras conmovedoras como la Virgen con el niño ascendiendo lentamente en la cruz gigantesca y algunas estremecedoras por su dramatismo, como la del minotauro adolorido y desgarrado.
La presencia en México de una compañía tan particular y tan importante en la escena contemporánea, nos hace reflexionar sobre nuestro entorno teatral y plantearnos algunos interrogantes, ciertas preguntas ociosas lanzadas al viento.
¿Por qué Salvador Távora busca la fuente de su inspiración en las manifestaciones populares de Andalucía, su música, su baile, sus sentimientos, sus raíces (aunque se ocupe de Las Bacantes o de la Crónica de una muerte anunciada) mientras los directores mexicanos buscan su inspiración en Shakespeare, Camus, Yourcenar, Strindberg, mitos medievales, Brecht y Don Juan Tenorio, para crear sus propuestas teatrales sin referencia a nuestra realidad?"


Víctror Hugo RASCÓN




AVUI - Barcelona, 25 de Abril de 1994

PICASSO EN NEGRO (Y ORO)
"Picasso andaluz, la Muerte del Minotauro" de Salvador Távora y La Cuadra de Sevilla, en el Victoria. Un espectáculo bordado, definitivamente bordado, desde que lo vi, verano del 92, al aire libre en el Palacio de los Reyes de Mallorca, en Perpignan, y que en el Victoria ha encontrado su espacio idóneo, su perfecta envoltura: Su escenario, amplio y profundo, como una negra boca de la que parecen emerger los personajes, permite que el montaje respire y se mueva sin que pierda su intimidad esencial, su cualidad de desfile procesional en un cuarto oscuro. Es tan difícil como inútil intentar un análisis "racional" de la función y, por extensión, de cualquier espectáculo de Távora, uno de esos creadores a los que hay que tomar "in toto", con sus defectos y sus excesos, con su delirio a veces ingenuo hasta la exasperación pero frecuentemente sacudido por chispazos arrabatadamente geniales de emoción pura -como el toreo de Curro Romero: A veces no pasa nada, pero cuando pasa, pasa TODO -porque su sistema, parejo al de Kantor, es el del "masaje emocional": Sumergir al espectador en un torrente de imágenes y música, conjuntadas según el método patentado por Dalí como "imaginación paranoico-crítica". (...)
...en "la Muerte del Minotauro" el insólito coctel funciona y depara un gran espectáculo, con un altísimo nivel de todos y cada uno de sus ejecutantes -guitarristas, bailarines, acróbatas, canatores (¡y cómo canta Salvador Távora!)-, emocionante desde su apertura con el coro de "Los campanilleros" hasta el conmovedor y desafiante "¡Gloria a los que no volvieron! que lo cierra; un espectáculo que acaba de cosechar un éxito extraordinario en Chile y que fue acogido en el Victoria con una salva de bravos y el público puesto en pie.
No, no hay en España otro creador igual: No es extraño que el mítico Joe Papp le ofreciera una gira norteamericana y un cheque en blanco tras presenciar la arrebatadora locura de sus "Bacantes". Yo creo -profecía- que su teatro ganará aún más cuanto más se aleje de la palabra, cuanto más decante sus elementos hacia las "formas puras", hacia la imagen, hacia la música. (...)"


Marcos ORDOÑEZ